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La Neurociencia del Sueño: Cómo Mejora las Funciones Cognitivas

El sueño no solo es necesario para la restauración física del cuerpo, sino que también desempeña un papel crucial en las funciones cognitivas. A lo largo de los últimos años, investigaciones científicas han demostrado que el sueño, en sus distintas fases, contribuye directamente a procesos clave como la memoria, el aprendizaje, la toma de decisiones y la creatividad. A continuación, exploramos algunos de los hallazgos más relevantes:

Consolidación de la Memoria y Aprendizaje

La relación entre el sueño y la consolidación de la memoria ha sido un área central de investigación. Como ya indiqué en un artículo de este blog, "¿por qué es necesario dormir?", las investigaciones realizadas, tanto en seres humanos como en animales de laboratorio, señalan que el sueño hace más que permitir que el cerebro descanse, también ayuda a la consolidación de la memoria a largo plazo (Marshall & Born, 2007).

A este respecto, debo aclarar que los estudios han encontrado que el sueño REM y el sueño de ondas lentas juegan papeles diferentes en la consolidación de la memoria declarativa y no declarativa: el sueño REM facilita marcadamente la consolidación de la memoria no declarativa, mientras que el sueño de ondas lentas aumenta la consolidación de la memoria declarativa (Tucker et al, 2006). También otros estudios muestran que parece que el cerebro repasa durante el sueño de ondas lentas la información aprendida recientemente (O' Neill et al., 2010) y que los trastornos de sueño se relacionan con un menor rendimiento en memoria y atención de los sujetos que los padecen, y dentro de ellos, la apnea obstructiva del sueño es la que mayor impacto negativo tiene sobre estas funciones cognitivas (Bucks, Olaithe, Rosenzweig, & Morrel, 2017; Krysta, Bratek, Zawada, & Stepanczak, 2017; citados en Lira & Custodio, 2018).

Estudios pioneros de investigadores como Matthew Walker en la Universidad de California, Berkeley, han demostrado también que la falta de sueño deteriora la capacidad del cerebro para realizar este proceso de consolidación. Según su investigación, los participantes que no durmieron lo suficiente fueron significativamente menos efectivos para recordar nuevos aprendizajes o para realizar tareas complejas que requerían una integración de nuevos conocimientos.

El Sueño y la Toma de Decisiones

Otro aspecto interesante en el que el sueño tiene un impacto directo es en la toma de decisiones. La privación crónica de sueño afecta el proceso de evaluación de riesgos y la capacidad para tomar decisiones informadas. Investigaciones realizadas en la Universidad de Pensilvania, encabezadas por David Dinges, han revelado que la falta de sueño altera la capacidad del cerebro para evaluar las consecuencias de sus acciones, lo que puede conducir a decisiones impulsivas o erróneas.

Dinges y su equipo demostraron que los participantes privados de sueño durante 24 horas mostraron una mayor activación en las áreas cerebrales asociadas con recompensas inmediatas, mientras que las áreas que controlan la toma de decisiones a largo plazo, como la corteza prefrontal, mostraron una actividad reducida. Esto sugiere que el sueño adecuado es fundamental para mantener la regulación cognitiva y emocional, evitando sesgos cognitivos que puedan afectar la toma de decisiones.

Neuroplasticidad y Creatividad

El concepto de neuroplasticidad se refiere a la capacidad del cerebro para reorganizarse y formar nuevas conexiones neuronales a lo largo de la vida. El sueño es fundamental para este proceso, facilitando la adaptación del cerebro a nuevas experiencias y aprendizajes.

Un estudio realizado por Robert Stickgold en la Universidad de Harvard reveló que el sueño REM está particularmente relacionado con la creatividad. Los participantes que dormían después de haber trabajado en un problema creativo mostraron una mejora significativa en sus capacidades para encontrar soluciones novedosas. Este fenómeno ocurre porque durante el sueño REM, el cerebro realiza conexiones entre información aparentemente no relacionada, lo que fomenta el pensamiento innovador y la resolución creativa de problemas.

Stickgold también descubrió que, durante el sueño REM, el cerebro se dedica a "reconectar" experiencias emocionales con conocimientos previos, lo que facilita la reorganización de la información y permite integrar diferentes áreas del conocimiento. Este proceso de "reestructuración" en el sueño REM permite a las personas ser más flexibles y creativas en su pensamiento.

Evidencia de Mejoras en el Rendimiento Cognitivo en Adultos y Niños

Diversos estudios también han demostrado que el sueño tiene un impacto notable en el rendimiento cognitivo, tanto en adultos como en niños. En el caso de los niños, investigaciones de Nina Kraus en la Universidad de Northwestern han demostrado que una buena calidad de sueño se asocia con un mejor rendimiento en pruebas cognitivas, como el procesamiento auditivo y la resolución de problemas matemáticos. A medida que los niños duermen, sus cerebros refuerzan las conexiones neuronales esenciales para el aprendizaje, lo que facilita su capacidad de retener y aplicar información.

En los adultos, la investigación de Chandra A. Reynolds de la Universidad de California, Riverside, ha señalado que el sueño adecuado mejora significativamente la función ejecutiva, que es el conjunto de habilidades mentales necesarias para realizar tareas complejas, como la planificación, la toma de decisiones y la organización. La privación de sueño, por otro lado, disminuye el rendimiento en estas tareas, y puede aumentar el riesgo de cometer errores.

El Sueño y el Envejecimiento Cognitivo

Las investigaciones sobre el envejecimiento cerebral también han mostrado que el sueño tiene un efecto protector sobre la cognición a medida que envejecemos. Charles Czeisler, investigador en la Universidad de Harvard, ha encontrado que las personas mayores que duermen menos de seis horas por noche tienen un riesgo significativamente mayor de deterioro cognitivo y enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer.

El sueño, particularmente el sueño profundo, ayuda a consolidar la memoria y a reducir la acumulación de sustancias tóxicas en el cerebro, como la proteína beta-amiloide. En este contexto, los estudios indican que mantener una buena higiene del sueño a medida que envejecemos podría ser clave para preservar la función cognitiva y prevenir el deterioro cognitivo relacionado con la edad.

Por consiguiente, las investigaciones actuales refuerzan la importancia del sueño en la mejora de la función cognitiva, desde la consolidación de la memoria hasta la creatividad y la toma de decisiones. En este sentido, quiero subrayar que cada fase del sueño cumple una función esencial para optimizar las capacidades cognitivas. 

Por todo ello, es esencial mantener una higiene del sueño adecuada no solo para mejorar el rendimiento diario, sino que también protege y fortalece las funciones cognitivas a largo plazo.


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Habilidades sociales en el daño cerebral adquirido

El daño cerebral adquirido (DCA) tiene graves consecuencias sobre el funcionamiento cognitivo, las habilidades comunicativas y la capacidad para regular la conducta y las emociones. Todo ello hace que sea frecuente que no cuenten con los mecanismos necesarios para relacionarse de forma adecuada con otras personas y muy a menudo presenten déficits en sus habilidades sociales (HHSS). De hecho, el cambio en el funcionamiento social constituye una de las consecuencias más comunes e incapacitantes después de una lesión cerebral (Levin et al., 1987; Bond & Godfrey, 1997; citados en Ojeda, Ezquerra-Iribarren, Urruticoechea-Sarriegui, Quemada-Ubis, & Muñoz-Céspedes, 2000). Algunos estudios epidemiológicos apuntan a que la prevalencia de estas alteraciones varía entre el 40 y el 80% de los casos (dependiendo del tipo y la gravedad del daño) y la reducción del nivel de HHSS que se observa en estos individuos está notablemente condicionada por el nivel de funcionamiento general de la persona afectada.

Las manifestaciones clínicas del DCA varían desde una leve acentuación de la personalidad premórbida a un cambio sustancial de la personalidad. Así, entre las consecuencias más comunes que se describen está la inestabilidad emocional, la ansiedad, la tendencia al aislamiento, una menor tolerancia a la frustración, la irritabilidad, la agresividad verbal y física, el egocentrismo, el infantilismo, la desinhibición, el deterioro en la capacidad de introspección y la disminución de la sensibilidad social, cuya forma e intensidad dependerá de múltiples factores (su personalidad premórbida, localización y gravedad de la lesión, el entorno del paciente, etc.). Todas estas alteraciones psicopatológicas descritas pueden producir los siguientes déficits en HHSS: uso inadecuado del sentido del humor; falta de adecuación en la expresión y control de afectos y emociones; estilo de comunicación agresivo; dificultad para relativizar la importancia de la opinión personal; dificultades de negociación; escasa capacidad de resolución de problemas; centralización del tema de conversación en sí mismos; falta de capacidad de escucha; intento de imponer su opinión al grupo; falta de capacidad de modulación de la conducta social; empleo de un lenguaje inapropiado para el contexto; verborrea; dificultad para centrarse en el contenido de la conversación; apatía; desinterés social; dificultades en habilidades conversacionales; dificultades de percepción de feedback externo; dificultades para modificar y ajustar la comunicación en función de cómo se desarrolla una situación específica o para comprender la relación secuencial entre diferentes hechos y falta de capacidad de insight. Además, se debe tener en cuenta que los pacientes con dificultades de pensamiento abstracto presentarán problemas para adoptar el punto de vista del otro, lo que afectará, todavía más, a su capacidad de adoptar la perspectiva necesaria en las relaciones con otras personas.

Por consiguiente, queda patente que los déficits a nivel intelectual, cognitivo, conductual y de la comunicación modifican notablemente el modo, la calidad y la frecuencia con que estos pacientes se relacionan (p. ej. : no inician interacciones, no conversan con los demás, se inhiben en situaciones de interacción, presentan tendencia al aislamiento o tienen dependencia de otros, etc.). En realidad, todos estos déficits y dificultades descritas inciden negativamente en la calidad de vida de estos pacientes y condicionan significativamente su ajuste familiar y social, produciéndose en algunos casos un incremento notable del riesgo de divorcio (Kwasnica & Heinemann, 1994; Peters, Stambrook, & Moore, 1990; citados en Ojeda et al., 2000), la pérdida de contacto con amigos previos (Levin et al., 1987; Morton & Wehman, 1995; citados en Ojeda et al., 2000) y una tendencia al aislamiento social que a menudo persiste en el tiempo (Levin et al., 1987; Oddy, Coughlan, & Tyerman, 1985; Finset, Dyrnest, Krogstad, & Berstad, 1995; citados en Ojeda et al., 2000). En otros casos, constituye uno de los principales obstáculos para lograr la reinserción laboral, aspecto directamente relacionado con el éxito del proceso rehabilitador.

Así pues, todo ello justifica la puesta en marcha de programas de entrenamiento en HHSS como un elemento esencial de la rehabilitación neuropsicológica de estos pacientes que incluyan diferentes áreas de intervención (entrenamiento en habilidades conversacionales, entrenamiento en habilidades comprensivas y expresivas, entrenamiento en habilidades pragmáticas, entrenamiento en asertividad, entrenamiento en comunicación no verbal, entrenamiento en resolución de problemas) (Ojeda et al, 2000).

En adición, los problemas relacionados con la Teoría de la mente (ToM) y los problemas en la capacidad de empatizar son los que mayor exclusión generan a las personas con DCA como consecuencia de su insensibilidad, su falta de consideración y su marcada indiferencia ante las necesidades de los demás o frente a otras circunstancias a tener en cuenta relacionadas con el entorno. De hecho, la disminución de la capacidad empática cognitiva y emocional, presente en un porcentaje elevado de pacientes con DCA, les dificulta la convivencia con otras personas tanto en el entorno familiar como social. En concreto, en la vida cotidiana de estos pacientes nos podemos encontrar las siguientes dificultades: falta de sensibilidad hacia los sentimientos de otras personas; incapacidad para tener en cuenta lo que otra persona piensa; incapacidad para “leer” el nivel de interés del oyente en la conversación o sus intenciones para entablar una amistad; incapacidad para anticipar lo que otra persona podría sentir/pensar de las propias acciones; incapacidad para comprender malentendidos/engaños/bromas; incapacidad para comprender las razones que subyacen a las acciones de las personas e incapacidad para comprender las creencias y deseos de los demás y las reglas no escritas o convenciones.

Ante esta problemática, se recomienda también la rehabilitación de la empatía (componente cognitivo y emocional) a través de tareas y experiencias tales como trabajar el reconocimiento de emociones en los otros, entender una expresión emocional, ayudarles a ir más allá de la literalidad de las expresiones, etc., y facilitar el desarrollo de representaciones mentales de los otros más globales y ajustadas a la realidad incorporando aspectos cognitivos, emocionales y motores que permitan una mejor adaptación de los afectados a la realidad familiar, social y comunitaria para lograr así una rehabilitación funcional más plena en estos pacientes, dado que no debemos olvidar que la empatía juega un papel muy importante en la prosocialidad y en la supervivencia de las personas dentro del contexto social (Jiménez-Cortés, 2012; España, 2013).

Por todo lo expuesto anteriormente y debido a que las interferencias que causan las alteraciones que presentan estos pacientes en las distintas dimensiones de la cognición social y en la conducta social son muy relevantes, estas alteraciones se deben tener en cuenta a la hora de elegir tanto el método de evaluación como a la hora de diseñar la intervención neuropsicológica.

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¿Por qué es necesario dormir?

Todos sabemos por nuestra propia experiencia lo cansados que nos encontramos cuando no dormimos lo suficiente o nos resistimos a la necesidad apremiante de dormir y, también, todos sabemos lo bien que nos sentimos tras una noche en la que hemos dormido no solo las horas suficientes, sino que, además, hemos respetado las mejores horas para dormir según los ritmos circadianos.

El sueño es un fenómeno universal pero únicamente los vertebrados de sangre caliente (mamíferos y aves) manifiestan un auténtico sueño REM. Si bien, ahora la pregunta que debemos realizarnos es la siguiente: ¿el sueño es imprescindible para sobrevivir? La respuesta es un rotundo sí, el sueño es imprescindible para sobrevivir por varios motivos:

  • En primer lugar, esta afirmación se basa en que algunas especies de mamíferos marinos han desarrollado un patrón de sueño extraordinario. En estas especies los hemisferios cerebrales se turnan para dormir, así, el animal siempre está alerta y permanece con el ojo contralateral activo. También algunas aves duermen con un solo hemisferio, manteniendo el ojo contralateral abierto para vigilar la llegada de posibles depredadores.

  • En segundo lugar, los estudios de privación de sueño no han obtenido pruebas convincentes de que sea necesario para mantener el funcionamiento normal del cuerpo, pero sí para nuestro cerebro. De hecho, Home (1978; citado en Carlson & Birkett, 2017), tras una revisión de más de 50 experimentos en los que se había privado del sueño a personas, informó que en la mayoría de ellos no se había encontrado que interfiriera en la capacidad de los individuos para realizar ejercicio físico y tampoco hallaron datos que correlacionaran la presencia de signos de una respuesta a estrés fisiológico con la privación de sueño. Entonces, de estos datos se infiere que la función primordial del sueño no parece ser que el cuerpo descanse y se recupere; sin embargo, las capacidades cognitivas de estos individuos estaban muy afectadas por la privación de sueño (presentaban distorsiones perceptivas, incluso alucinaciones y dificultades para concentrarse en tareas mentales). En adición, una sola noche de privación de sueño reduce la capacidad de las personas a reconocer las expresiones faciales que reflejan emociones (Van de Herm et al., 2010; citado en Carlson & Birkett, 2017).

Pero, ¿qué pasa durante el sueño que sea tan importante? El cerebro humano, aunque solo supone un 2% del peso corporal, gasta aproximadamente el 20% de la energía en la vigilia tranquila. En cambio, durante el sueño de ondas lentas, el metabolismo y el flujo sanguíneo cerebral decaen, disminuyendo durante la fase 3 hasta un 75% respecto al nivel de vigilia (Maquet, 1995; citado en Carlson & Birkett, 2017). Del mismo modo, las regiones que tienen el nivel de actividad mayor durante la vigilia presentan un nivel más alto de ondas delta y el nivel más bajo de actividad metabólica durante el sueño de ondas lentas. Por consiguiente, la presencia de ondas delta en una región del cerebro parece indicar que dicha región está descansando. En suma, durante el sueño de ondas lentas las personas no reaccionan a ningún estímulo salvo los intensos, y si se les despierta, actúan de modo torpe y están confusas, observaciones que indican también que el cerebro, en efecto, está descansando.

En consecuencia, todos estos datos apuntan a que el cerebro necesita descansar de forma periódica para recuperarse de los efectos adversos de su actividad durante la vigilia. Aunque tampoco debemos olvidarnos que los productos de desecho de la elevada tasa metabólica que se asocia a la actividad cerebral son los famosos radicales libres, de los que, hoy en día, todos o casi todos hemos oído hablar.

Los radicales libres son sustancias muy oxidativas que pueden unirse con electrones de otras moléculas y dañar las células en las que se encuentran, proceso conocido como estrés oxidativo. Una privación prolongada de sueño causa un aumento de los radicales libres en el encéfalo y provoca estrés oxidativo. No obstante, como expliqué anteriormente, durante el sueño de ondas lentas se produce la disminución de la tasa de metabolismo, lo que permite que los mecanismos de restauración de las células destruyan dichos radicales libres, impidiendo así sus efectos nocivos.

Asimismo, pese a que los datos existentes sobre los efectos de la actividad física y sueño no son concluyentes, sí lo son sobre los efectos de la actividad cognitiva sobre el sueño. Varios estudios han demostrado que después de un día de intensa actividad cerebral, el cerebro necesita más descanso de lo habitual.

Por otra parte, durante el sueño REM el cerebro y el organismo se energizan, pero, además, se estimulan las regiones del cerebro que se utilizan para el aprendizaje. Así pues, el sueño REM facilita los grandes cambios cerebrales que ocurren en el desarrollo y el aprendizaje (aunque también lo hace el sueño de ondas lentas).

En relación con las funciones cognitivas, las investigaciones realizadas, tanto en seres humanos como en animales de laboratorio, señalan que el sueño hace más que permitir que el cerebro descanse, también ayuda a la consolidación de la memoria a largo plazo (Marshall & Born, 2007). En este sentido, debo aclarar que los estudios han encontrado que el sueño REM y el sueño de ondas lentas juegan papeles diferentes en la consolidación de la memoria declarativa y no declarativa: el sueño REM facilita marcadamente la consolidación de la memoria no declarativa, mientras que el sueño de ondas lentas aumenta la consolidación de la memoria declarativa (Tucker et al, 2006). También otros estudios indican que parece que el cerebro repasa durante el sueño de ondas lentas la información aprendida recientemente (O' Neill et al., 2010) y que los trastornos de sueño se relacionan con un menor rendimiento en memoria y atención de los sujetos que los padecen, y dentro de ellos, la apnea obstructiva del sueño es la que mayor impacto negativo tiene sobre estas funciones cognitivas (Bucks, Olaithe, Rosenzweig, & Morrel, 2017; Krysta, Bratek, Zawada, & Stepanczak, 2017; citados en Lira & Custodio, 2018).

Adicionalmente, debo subrayar que entre los trastornos de sueño y el deterioro cognitivo se describe una relación bidireccional. Por un lado, personas con deterioro cognitivo y demencia presentan trastornos del sueño y, por otro lado, algunas personas cognitivamente sanas que tienen ciertos trastornos del sueño desarrollarán más adelante deterioro cognitivo leve (DCL) y demencia (Bombois, Derambure, Pasquier, & Monaca, 2010; citados en Lira & Custodio, 2018).

En resumen, la mayoría de los investigadores considera que la principal función del sueño de ondas lentas sea el permitir al cerebro descansar, pero, también, el sueño de ondas lentas y el sueño REM favorecen distintos tipos de aprendizaje y el REM favorece el desarrollo del cerebro. De igual manera, varias investigaciones informan que los efectos de la privación de sueño forzada en ratas fueron graves y similares a los efectos del insomnio familiar letal en humanos, trastorno neurológico hereditario que ocasiona lesiones en regiones del tálamo (Gallasi et al., 1996; Montagna et al., 2003) y síntomas que incluyen problemas de atención y memoria, a los que sigue un estado de confusión, pérdida de control del sistema neurovegetativo y del sistema endocrino, aumento de la temperatura corporal, insomnio y -como su nombre indica- ocasiona la muerte.

Así que, no cabe duda que dormir es indispensable para nuestra supervivencia, pero, además, tiene una relación directa con nuestro funcionamiento cognitivo, con la calidad de vida y el estado de salud. Por tal razón, desde aquí, insto a cuidar la calidad del sueño no solo a los estudiantes, sino también a la población en general.

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Claves para lograr un envejecimiento normal y exitoso

Desde el punto de vista neuropsicológico se diferencian dos grandes tipos de envejecimiento: el envejecimiento normal y el envejecimiento patológico. Por envejecimiento normal se entiende aquel que experimenta la mayoría de la población, en el que no existen patologías neurodegenerativas y el deterioro cognitivo es atribuible a los cambios que se producen en un cerebro sano al envejecer (Barroso, Correia, & Nieto, 2011).

En relación a los cambios que se producen en el cerebro sano al envejecer, la “hipótesis frontal del envejecimiento” (Demster, 1992; Wenster, 2000; citado en Barroso, Correia, & Nieto, 2011), la cual ha sido muy criticada desde la comunidad científica, considera que el deterioro cortical frontal, la degeneración de estructuras subcorticales como el núcleo caudado y la afectación de sustancia blanca que conecta estas estructuras son responsables de la mayoría de cambios cognitivos acontecidos durante el envejecimiento normal. Por consiguiente, no es de extrañar que la mayoría de las capacidades prefrontales se vean afectadas durante el envejecimiento normal: fluidez verbal, inhibición, flexibilidad cognitiva, planificación, memoria de trabajo, entre otras. Dichos déficits se traducen en una marcada preferencia por la rutina y una menor tolerancia a las improvisaciones y dificultades a la hora de realizar tareas en paralelo o alternar entre ellas; de manera que la mayoría de actividades quedan inacabadas o mal ejecutadas, lo que genera en el individuo fracaso y frustración, y que puede generar apatía, desgana, falta de iniciativa, lo que, a su vez, conlleva aislamiento y retraimiento en la persona mayor.

En adición, el deterioro de la memoria en el envejecimiento normal es más común en la memoria episódica que en la semántica, encontrándose las dificultades más en las fases de adquisición y evocación espontánea de la información que en la consolidación de la misma. Señalar que esta afectación mnésica muestra mayor asociación con el deterioro corticosubcortical frontal citado anteriormente que con un patrón de afectación temporomedial (Hallan, Price, & Larue, 2003; citado en Barroso, Correia, & Nieto, 2011). Esta diferenciación es muy útil, puesto que puede facilitar el diagnóstico diferencial del deterioro cognitivo en el envejecimiento.

Al igual que la memoria, el lenguaje es otro de los dominios cognitivos que mayor información aporta al diagnóstico diferencial, ya que en el envejecimiento normal, éste no muestra casi deterioro, observándose únicamente una leve anomia (que se hace evidente en el habla espontánea), disminución de la fluidez verbal (semántica y fonológica), dificultad para la comprensión de estructuras gramaticales complejas y dificultad en la descripción de objetos (Roy & Garzón, 2011). 

Asimismo, el enlentecimiento de la velocidad de procesamiento que se observa en la vejez a nivel cognitivo y motor, los déficits sensoriales, la familiaridad de la tarea y posibles tratamientos de enfermedades concomitantes deben ser tenidos en cuenta a la hora de valorar el perfil de afectación, por lo que, en este sentido, debemos también ser cautos.

Por otro lado, subrayar la  importancia que cobran todos los cambios psicosociales que se  experimentan a estas edades (pérdida de la pareja, aislamiento, soledad, etc.), puesto que son frecuentemente originarios de depresión, debido a que su etiología, como en jóvenes, es biopsicosocial. En relación a este aspecto, aclarar que en la depresión de inicio tardío (después de los 60 años) existe menor frecuencia de antecedentes psiquiátricos y mayor presencia de síntomas psicóticos (ideas paranoides de robo, etc.). También es importante recalcar que la evolución a demencia es una complicación frecuente en la depresión tardía, especialmente en los cuadros con afectación cognitiva importante. De hecho, no debemos olvidar que el deterioro cognitivo leve (estadio transicional entre el deterioro cognitivo normal por el envejecimiento y el deterioro más grave de la demencia) se halla presente en más del 60% de los pacientes con depresión geriátrica (Dechent, 2008). Por lo cual, en estos casos, a mayores, se recomienda realizar evaluaciones neuropsicológicas periódicas para observar la respuesta al tratamiento y la evolución del cuadro.

No obstante, tampoco debemos obviar los factores protectores del envejecimiento. A este respecto, son muchos los datos de investigaciones que avalan el nivel de educación y su efecto protector sobre el envejecimiento cognitivo. Aunque la mayoría de estudios apoyan que el nivel educativo alto retrasa la aparición de demencia, existen divergencias en cuanto a su evolución. Así, cuando aparecen las manifestaciones clínicas de enfermedad neurodegenerativa, las personas con un alto nivel educativo presentan un declive más rápido, debido a que en el momento de realizar el diagnóstico la lesión es mayor que cuando se realiza el diagnóstico a personas con bajos niveles educativos. El mecanismo por el que este factor ejerce sus efectos positivos no está exento de controversia: unos sugieren que puede tener un efecto beneficioso sobre el establecimiento de los circuitos y funciones cerebrales en las primeras etapas de vida y otros argumentan que la educación fomenta la realización de actividades intelectuales a lo largo del ciclo vital, las cuales contribuyen al mantenimiento de la función cognitiva (Ballesteros et al., 2016).

Ahora bien, lo que sí debemos tener en cuenta es que la reserva cognitiva, capacidad que tiene el cerebro de compensar el deterioro relacionado con el paso de los años o una determinada patología, no solamente depende del nivel educativo o algún otro factor relacionado, sino también de que se haya adoptado un estilo de vida saludable.

Por último, otro importante aspecto a considerar es que de la calidad de vida de los mayores va a depender en gran medida de que envejezcan de forma normal o que tengan un envejecimiento patológico. Atendiendo a estas consideraciones, indicar que el buen funcionamiento cognitivo va a ser uno de los principales determinantes de la calidad de vida de estas personas y el pilar de lo que se conoce como "envejecimiento normal y exitoso" (Ballesteros et al., 2016).

En conclusión, hoy en día, es más necesario que nunca conocer los factores protectores del envejecimiento, los factores que pueden mejorar la calidad de vida de los mayores y las diferentes intervenciones que pueden aumentar el bienestar físico, cognitivo, psicológico y social de estas personas con el objetivo de lograr un "envejecimiento normal y exitoso" (Ballesteros et al., 2016).


Envejecimiento normal versus Envejecimiento patológico

Mindfulness y demencia

La práctica del mindfulness o atención plena se puede definir como la conciencia sin prejuicios de la experiencia en el momento presente con una actitud de aceptación y afecto (Bishop, Shapiro, Carlson, Anderson, & Carmody, 2004). Este estado de conciencia puede entrenarse y repercute muy positivamente en el bienestar físico y emocional de las personas que lo llevan a cabo. Además, implica una toma de conciencia de la realidad, facilitando así la posibilidad de eventuales cambios.

Hasta el presente, los cambios fisiológicos que produce la meditación son indudables. García-Trujillo y González de Rivera (1992) afirman que la introducción de estados alterados de conciencia por procesos psicológicos de concentración o meditación se acompaña de los siguientes cambios fisiológicos: disminución del tono muscular; respiración más lenta, profunda y rítmica; enlentecimiento y mayor regularidad del ritmo cardíaco; aumento de la resistencia epitelial galvánica; disminución de las respuestas no específicas; mayor persistencia y difusión de ritmo alfa; efectos positivos en neuroinmunomodulación y modificaciones en la secreción de ciertas hormonas (disminución de cortisol en sangre, de prolactina, etc.). A este respecto, Goyal (2014), investigador de la Universidad Johns Hopkins, en su estudio incluso concluye que “la meditación centrada” (una forma budista que centra la atención en el presente sin juicio sobre lo que ocurre)  no solamente demostró la posibilidad de aliviar algunos síntomas dolorosos, sino que proporcionó alivio a algunos síntomas de la ansiedad y la depresión que otros estudios han encontrado en los medicamentos antidepresivos.

Por otro lado, las intervenciones terapéuticas basadas en mindfulness ya no resultan extrañas para nadie, muy por el contrario, podríamos decir que hasta resultan familiares, y ello es debido a la creciente irrupción de las prácticas meditativas orientales en la teoría y práctica de la psicoterapia, en especial en el seno de las terapias cognitivas y las terapias llamadas de tercera generación (Simón, 2007). De hecho, hoy en día existen intervenciones terapéuticas basadas en mindfulness con el suficiente aval empírico en este y otros campos; entre ellas destacan algunas de las más divulgadas como son la intervención para la reducción del estrés basada en la atención plena (Kabat-Zinn, 1990), la terapia cognitiva basada en la atención plena (Segal, Willians, & Teasdale, 2013) o la terapia conductual dialéctica (Linehan, 1993a, 1993b).

En este sentido, quiero subrayar que las intervenciones basadas en mindfulness son uno de los tratamientos no farmacológicos más novedoso en el abordaje de la demencia. Pero, por el momento, aunque existe bastante evidencia empírica sobre su eficacia como parte del tratamiento integral de las demencias, son escasos los estudios que se han realizado, por lo que se puede afirmar que se trata de un campo todavía en pleno desarrollo.

Así pues, un protocolo basado en mindfulness podría ser una intervención prometedora en este ámbito, ya que los tratamientos basados en mindfulness han mostrado durante su práctica lo siguiente: un incremento de la irrigación cerebral en áreas corticales y subcorticales incluido el hipocampo (Lazar et al., 2005; Hölzel et al., 2011); un aumento en la conectividad y la densidad neuronal (Kang et al., 2013); cambio de la función cerebral en estado de reposo (Taylor et al., 2013) y la activación de áreas cerebrales que intervienen en la atención (Farb et al., 2013), la consciencia corporal (Siegel, 2007) y la regulación emocional (Tang & Posner, 2013). Subrayar que dichas capacidades se deterioran a lo largo de la enfermedad de Alzheimer y otras demencias, por tal razón, entrenar mindfulness debería ser muy beneficioso.

No obstante, a pesar de estas evidencias, todavía se debe ser cauto, porque la neurociencia del mindfulness y sus correlatos neuroanatómicos están en una fase inicial de estudio, tal y como recogen las últimas revisiones.

Mindfulness y demencia

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